Foto: Vanguardia
La candidata panista y el abanderado priísta protagonizaron acusaciones personales y partidistas durante la confrontación de propuestas de aspirantes a la Alcaldía

Y la cosa se puso buena.

Apenas comenzó aquello, las sangres se calentaron entre los principales candidatos a la alcaldía de Saltillo, Esther Quintana del PAN y Manolo Jiménez del PRI.

El agarrón era inminente y totalmente predecible, tampoco fue cosa de amarrar navajas, sino un ejercicio de ideas y propuestas organizado por Vanguardia la tarde de ayer en un salón del Hotel Quinta Dorada, justo a la mitad de las campañas electorales 2017.

La primera en desenvainar la espada, porque así lo quiso el azar, fue la tía Esther:

“O fortalecemos la decisión que tomamos hace cuatro años”  – dijo- “cuando rompimos con el modelo de los ochenta años y nos atrevimos a elegir un gobierno que ha sido capaz, no obstante la madrastra que lo fustiga”.

“O volvemos al pasado colorado aunque pretenda ser más puro que la inmaculada y esconda los dientes y las garras con la capucha igual como en el cuento de caperucita”.

Los problemas de nuestra ciudad, reviró Manolo, se arreglan con un plan de trabajo intenso, con cercanía no con grillas ni guerra sucia.

Afuera los militantes de ambos bandos, armados con banderolas,  se enfrascaban en una guerra de porras, rechiflas y tambores, que cimbraron el recinto.

Que él era un hombre de hechos no de palabras, de resultados y no grillas, atizo Manolo de nuevo, porque como diputado él sí había regresado a todo su distrito y abierto una casa de gestión, su famosa casa de gestión, que a dos años de haber dejado la legislatura, sigue funcionando.

La  política, respondió la tía Esther, siempre ha sido para mí servicio a los demás, no a mi persona ni a mis allegados. Tengo 27 años de carrera política, no soy una improvisada y no llegué en taxi a donde he llegado, no soy una persona sumisa y en el partido de usted, Manolo, se necesita ser sumiso para llega al cargo, para permanecer en él y para seguir ascendiendo.
  
Al rato la contienda se tornó más encarnizada.

Habla usted, atacó Manolo, de sumisión; en el 2015 cuando fue diputada federal votó a favor del gasolinazo, eso es sumisión ante el partido Acción Nacional.

Que a ella no le cargaran el muerto del gasolinazo, contesto la tía, porque que quienes aprobaron el gasolinazo fueron el PRI y el PRD, “no me van platicar a mí, fue la Reforma Fiscal no la Energética la que provoca el gasolinazo. Yo voté en contra de ella y si la gasolina es cara México no es por la Reforma Energética, es por el gasolinazo. El precio de la gasolina es de ocho pesos, lo que la ha hecho cara es el gobierno federal de su presidente Enrique Peña Nieto. Yo jamás habría aprobado una Reforma Fiscal de esa naturaleza, entonces a mí no me carguen lo del gasolinazo”.

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“No somos acarreados venimos  con el PAN”, se oía gritar desde adentro a los simpatizantes de la tía.

“Manolo presidente, Manolo presidente”, espetaban los tricolores, banderas al viento.

La batucada retumbando.

En el salón los ánimos encendidos:

Tú familia se dedica a la construcción y tú le sabes a eso, increpó la tía a Manolo, fue un error haber tapado el bache con cemento porque eso le afecta al asfalto y esa donde taparon el bache fue precisamente en un fraccionamiento que es la colonia Brisas, construida por la Constructora Real del Bosque de tu abuelo.
La reacción del candidato Manolo, ante el recordatorio familiar, no se hizo esperar:

Lo que sí que es que nosotros ya estamos trabajando tapando el bache que ustedes no taparon, dijo.
Y que la tía Esther mejor se pusiera a chambear.

“Se me hace que le hace falta apretarle un poquito ahí a la chamba, tres eventos yo creo que no son suficientes para conocer el sentir y pensar de la gente, porque muchas de la cosas que usted dice que están bien la gente es lo que nos pide que cambiemos, que arreglemos.

Cuando salía a relucir el tema de la corrupción la tía dejó ir con todo:

Que ella tenía, señores, la lengua muy larga, pero que no tenía cola.

Algunas risas discretas de entre la concurrencia fluyeron por el salón.

Después la tía volvería a asestar un golpe más al candidato priista:

Los rencores a flor de piel.

En mi trabajo parlamentario fui una de las diputadas, tanto en el Congreso Local como en el Congreso Federal, con mayor productividad, algo muy diferente de nuestro amigo Manolo.

Hacia el final de este ejercicio en su mensaje de cierre, la tía hacía un llamado: la posibilidad del retorno del PRI al gobierno de Saltillo, debe de ser destruida.

“Apelo a su memoria ciudadana, al amor que le tienen a Saltillo para impedir, con la fuerza del sufragio, el regreso del dragón, el retorno de un estilo huérfano de ética al gobernar que se aferra a quedarse”.

El candidato del PRI sacó su última carta:

“Lo único que he escuchado de  parte de la señora Esther durante este tiempo son gritos, son maldiciones y la verdad la ciudadanía merece mucho más. No se vale engañar a la gente, porque usted dice que va a hacer muchas cosas, pero la pregunta es: ¿por qué no las hizo cuando estuvo ahí?

Una vez que se despidieron forzadamente (porque se les veían las ganas de seguir discutiendo), los candidatos abandonaron el salón para unirse a sus porras que ya los esperaban declarando a cada cual ganador de este ejercicio. 

No, ganaste tú, tú gobiernas.